Hay un breve período que dependiendo del año puede incluso no darse o durar unos poco días, en el que se producen las condiciones óptimas para intentar captar la magnificencia de la transición de color otoñal del bosque de hayas.
Hay que tener en cuenta diferentes factores: cual es el grado de intensidad de la coloración de las hojas. Si ha habido o no heladas tempranas, que debilitan el vínculo de las hojas con las ramas haciéndolas caer con facilidad y afectando mucho a su densidad . Y por último el grado de exposición del lugar a los fuertes vientos del Oeste habituales en esos días del otoño, que unido a las heladas nocturnas, borran el color en uno o dos días.
Con esto en mente fui hasta el lugar como siempre en estos casos con la esperanza de haber acertado.
Y como casi siempre tratándose de algo tan impredecible e incontrolable como es la fotografía de naturaleza, el acierto fue sólo parcial: la densidad de hojas en las ramas era buena. La intensidad del color de las mismas casi perfecta. Pero el fuerte viento otoñal hizo su aparición a los pocos minutos.
Fueron muchos minutos de espera entre foto y foto, esperando paréntesis de quietud en el viento, que eran casi inexistentes.
Ante esa situación, en la que era imposible captar las ramas inmóviles sin tener que subir el ISO hasta un extremo inadecuado, apliqué aquello de que "Si la vida te da limones..." y, decidí la vía inversa: cerrar el diafragma del objetivo hasta conseguir una velocidad de exposición lo bastante lenta como para que el movimiento emborronara el color. Y esto además de hacer que estéticamente la foto sirviera, además ayudo de alguna manera, a hacer visible lo invisible. (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Hayedo, otoño y viento (F:14,V:4s,ISO:100) |









