En un rincón del paraíso. Exposición larga para conseguir el aspecto difuminado del agua y, poco más que decir, porque las palabras nunca alcanzan... (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Cascada (F:16,V:6s ,ISO:100) |
Hay un breve período que dependiendo del año puede incluso no darse o durar unos poco días, en el que se producen las condiciones óptimas para intentar captar la magnificencia de la transición de color otoñal del bosque de hayas.
Hay que tener en cuenta diferentes factores: cual es el grado de intensidad de la coloración de las hojas. Si ha habido o no heladas tempranas, que debilitan el vínculo de las hojas con las ramas haciéndolas caer con facilidad y afectando mucho a su densidad . Y por último el grado de exposición del lugar a los fuertes vientos del Oeste habituales en esos días del otoño, que unido a las heladas nocturnas, borran el color en uno o dos días.
Con esto en mente fui hasta el lugar como siempre en estos casos con la esperanza de haber acertado.
Y como casi siempre tratándose de algo tan impredecible e incontrolable como es la fotografía de naturaleza, el acierto fue sólo parcial: la densidad de hojas en las ramas era buena. La intensidad del color de las mismas casi perfecta. Pero el fuerte viento otoñal hizo su aparición a los pocos minutos.
Fueron muchos minutos de espera entre foto y foto, esperando paréntesis de quietud en el viento, que eran casi inexistentes.
Ante esa situación, en la que era imposible captar las ramas inmóviles sin tener que subir el ISO hasta un extremo inadecuado, apliqué aquello de que "Si la vida te da limones..." y, decidí la vía inversa: cerrar el diafragma del objetivo hasta conseguir una velocidad de exposición lo bastante lenta como para que el movimiento emborronara el color. Y esto además de hacer que estéticamente la foto sirviera, además ayudo de alguna manera, a hacer visible lo invisible. (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Hayedo, viento y otoño (F:22,V:30s,ISO:100) |
Sería tan largo de explicar que daría como para un libro, que tendrás que comprarte cuando salga, o en estos tiempos de mínimo esfuerzo, esperar a que hagan la película. Pero aquí hay algo muy abstracto e importante de lo que hablar.
¿Qué es eso que llamamos belleza?.
Da igual que incluso desde el análisis científico se intente racionalizar en qué consiste y cuales son los parámetros que la determinan: simetría, proporción, armonía ... . No dejan de ser como mucho, burdas aproximaciones a algo que en mi opinión, sí tiene que ver con aquello que los sentidos perciben, pero cuya esencia última está más allá de lo que nuestra limitada mente es capaz de comprender.
Entonces, cuando la mente no alcanza a entender que es eso que hay tras el enigma de la BELLEZA, no queda más que rendirse y dejarse guiar por ese mágico superpoder por el que se tiene acceso directo sin intermediación de palabras y aunque sea de forma parcial, a información que sería de cualquier otro modo inaccesible.
Y la intuición dice que la BELLEZA, es nada menos que el nebuloso recuerdo que tiene nuestra alma del lugar del que procede y, hacia el que està de regreso. Donde todo era, es y será inmutable y perfecto. (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Hayedo y otoño (F:10,V:1/15s,ISO:100) |
Si tuviera que elegir entre dos momentos del año, tendría un pequeño dilema: los últimos días del invierno, o las primeras semanas del otoño.
El final del invierno, porque todo en el monte empieza a avisar de la inminente explosión de vida que está por venir. El segundo, no sólo por el color, es mucho más que eso, el olor de la hojarasca, el sonido de las aves en migración, el aire fresco después de la monotonía del calor estival. Y algo invisible y seguramente subjetivo: la sensación de que la naturaleza se repliega, se adormece para soñar como será la próxima primavera. (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Bosque mixto de hayas, robles y álamos (F10,V:1/30,ISO:100) |
Había sido un otoño largo, soleado, apacible, en el que los hayedos por la ausencia de heladas tempranas y fuertes vientos del Sur Oeste en otro tiempo característicos de esa estación, habían podido lucir por más tiempo en sus ramas la transición de color del verde al amarillo y finalmente a todos los ocres posibles.
Una semana de cielo gris y fuertes lluvias, dieron al monte el aspecto propio del invierno, con una luz tenue y difusa y, el suelo cubierto de indicios de que por allí había pasado un gran otoño.(Clik en la imagen para verla más grande)
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| Río y rastro del otoño (F:20,V:1,6s,ISO:100) |
Muchas de las civilizaciones antiguas, medían en lunas el paso del tiempo. Para ellos ni siquiera un día era una fracción de tiempo relevante, porque todo a su alrededor seguía un ritmo lento y natural: ciclos lunares, estaciones, alineaciones estelares..
Hoy ya nada de aquello tiene sentido, cuando cada minuto parece tener una importancia vital para el simio que cree haber ultimado su dominio del planeta. Tan inteligente él, que incluso se enorgullece de su esclavitud portando amarrados a su cuerpo aparatos que le dictan al segundo, la centésima o la milésima, el ritmo frenético al que debe vivir. Siendo el tamaño de su cronómetro directamente proporcional a su grado de sometimiento a algo en realdad tan relativo como lo es; el tiempo.
En aquella mañana de verano con esa luna ocultándose inmutable tras un bosque de hayas, como casi todos los de esta especie ahora mismo; agonizante. La mejor opción no, la única, fue la contemplación lo más sin mente posible, de aquel instante efímero. (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Hayedo muriendo y luna (F:7.1, V:1/60s,ISO:100) |
Pues eso, un día espléndido de otoño en un bosque de pinos. Entre ellos un arce solitario con sus hojas ya amarillas, atravesadas por la luz cálida del atardecer. Y como casi siempre, la imposibilidad de de condensar todo aquello en una sola imagen que se aproxime un poco a la percepción siempre subjetiva que uno tiene de lo que está viendo.
Varios intentos girando el zoom del objetivo durante la exposición. Y este fue el resultado más parecido a la percepción. (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Arce, pinos y otoño (F:14,V:1/0,4s,ISO:100) |
En una naturaleza ya muy transitada, manoseada, explotada y ultrajada, cada vez se hace más difícil encontrar rincones en los que en determinadas y efímeras circunstancias, por un momento se pudiera intuir como era todo antes de su domesticación. (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Bosque mixto y niebla (F:8,V:1/125,ISO:100) |
A lo largo del tiempo, he podido comprobar que al igual que cada persona, cualquier otro ser vivo es único e irrepetible. De entre las plantas, quizá en los grandes árboles es donde esta singularidad se hace más fácilmente observable.
Este pequeño grupo de hayas, por alguna pequeña peculiaridad genética, cada año en primavera son las primeras en hacer brotar sus frágiles y traslúcidas hojas, incluso a riesgo de que alguna helada tardía acabe con ellas. Y de la misma manera, al final del verano, cuando el resto de árboles del bosque a su alrededor se conservan aún perfectamente verdes, las hojas de estas ya están amarillas, siendo el preludio del otoño inminente. (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Hayas en transición de color (F:8,V:1/60s, ISO:100) |
Un viejo bosque de hayas y acebos recién cubierto por la nieve. Y una niebla que con la temperatura bajo cero se escarchaba sobre las ramas. Aquel día, el invierno fué como lo recordaba.
Una vez más, te deseo lo mejor para el próximo año: Salud y Consciencia.
(Clik en la imagen para verla más grande)
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| Hayedo, acebos e invierno (F:10,V:1/30s,ISO:100) |
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| Río y bosque de hayas (F:16,V:1,3s,ISO100) |
No recuerdo ningún día que haya pasado en la naturaleza, sin que llegado el momento de regresar, no haya tenido la sensación, de que algún pequeño o gran secreto me hubiera sido revelado. Eso se añade a todo lo demás difícil de expresar, que uno recibe cuando se está allí donde todo es perfecto.
Eso cualquier día. Pero hay algunos otros como este, en los que por si no fuera suficiente ella te hace un gran regalo de despedida. Y si no estás acostumbrado a esa grandiosidad, puedes acabar boquiabierto y llevándote las manos a la cabeza...(Solo para intelectuales :) ). (Clik en la imagen para verla más grande) (Incluida en: https://vimeo.com/489030942 )
| Cielo crepuscular (F:7.1,V:1/320s,ISO:200) |
En mi opinión, por su forma de estar en el mundo, hay en los árboles muchas cosas dignas de ser consideradas ejemplares.
Inmóviles, pero dejándose mecer por el viento.
Estoicos, aceptando calladamente todas las inclemencias.
Acogedores, dando alimento y cobijo entre sus ramas y, con los años también en los huecos de su tronco a multitud de otros seres.
Y cuando la sabia deja de ascender por ellos y lentamente mueren, sus cuerpos desnudos aún pueden permanecer años en pie, casi como el ejemplo máximo de dignidad.
En un día de primavera, la imagen de este viejo roble muerto rodeado por un bosque que empezaba a despertar cubriendo sus ramas verde, resultaba casi conmovedora. (Clik en la imagen para verla más grande) (Incluida en: https://vimeo.com/489030942 )
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| Viejo roble muerto (F:2.8,V:1/500s,ISO:100) |
Creo recordar que hace tiempo en una entrevista a Ken Follet, le preguntaban el porqué de ese título de su libro superventas.
Decía que en la edad media una de las razones para construir catedrales era, que la casi integrista creencia religiosa católica les hacía pensar que ellas, de alguna manera soportaban el peso del cielo, para evitar que su ira en forma de catástrofes callera sobre los humanos. O lago así.
Fotografiando estos pinos esbeltos y altos como catedrales góticas, era inevitable no verlos más allá de consideraciones estéticas, como lo que son: pilares fundamentales de una naturaleza, que cada vez más a duras penas, consigue evitar el desastre seguramente ya inexorable, que se cierne sobre nosotros. (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Pinos convergentes (F:11,V:1/60s,ISO:200) |
Creo que en fotografía de naturaleza, no están lo bastante consideradas las imágenes que sólo muestran el cielo sin ninguna referencia terrestre. Quizá sea así, porque la mente necesite algo sólido o líquido a lo que asirse, que le dé un poco más de certidumbre que lo simplemente etéreo.
Es bastante paradójico que siendo muy reacio a los cambios, me gusten tanto esos mundos que empiezan donde acaba el horizonte sólido. Tan efímeros, que cambian a cada instante. Pero que no por intangibles dejan de ser paisajes grandiosos e irrepetibles. Y que en términos absolutos de tiempo, son sólo un poco más impermanentes que las montañas, las estrellas o las galaxias.
Después de mucho calor, ese día sólo podía acabar así. Cuando ese extraño silencio que precede a las grandes tormentas se adueñó del bosque, busqué un lugar prominente junto a una cuevecilla, desde el que contemplar y fotografiar uno de los mayores espectáculos que se dan en este planeta: rayos, truenos, olor a geosmina (Streptomyces coelicolor), nubes oscuras grandes como montañas sitiando al azul hasta hacerlo desaparecer. Y entonces todo se volvió de un profundo gris.
Pero unos segundos después y, justo antes de que empezara el diluvio, como formando parte de una escenografía perfectamente premeditada, un resquicio de luz que duró un instante, fue como el recordatorio de que por oscuras que fueran las nubes, por encima de ellas siempre sigue brillando el sol. (Clik en la imagen para verla más grande). Parte de: https://vimeo.com/489030942
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| Cielo de tormenta (F:10,V:1/200s,ISO:100) |
No sabría decir exactamente porqué son los meses de otoño los que más me gustan del año.
Más allá de lo fotogénico que pueda ser ese momento por los colores que cubren el bosque. Y lo agradable de las temperaturas en medio de los extremos del verano y el invierno. Quizá sea, por lo que ese tiempo tiene de conclusión, adormecimiento y epílogo.
Si, son tristes, pero hay tanta belleza en las despedidas.
Ese día, la efímera variedad de tonos amarillos, ocres y dorados, hacía relucir al bosque como el tesoro de valor incalculable que es. (Clik en la imagen para verla más grande) . Parte de de: https://vimeo.com/489030942
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| Bosque y otoño (F:11,V1/125s,ISO:100) |
Hace tiempo me refería aquí, a la necesidad que tiene la especie humana de ponerle nombre a todas las cosas y seres. Seguramente desde siempre esto le ha dado una falsa sensación de comprensión y de certidumbre o quizá de posesión, sobre todo lo que existe: https://fermincastellano.blogspot.com/2017/07/flor-blanca-triple-sin-nombre.html
A medida que esa sensación se va haciendo más hegemónica y absoluta, la tendencia a nombrar, se va exacerbando hasta llegar a lo grotesco.
Hubo un tiempo en el que nada tenia nombre. Entonces la relación era directa con la realidad.
Después, el surgimiento del lenguaje rudimentario, que empezó poniendo nombre a lo esencial y prioritario, inició el cambio a una relación menos directa y real y más conceptual (por lo tanto irreal), con el entorno natural.
Y hoy es el día, en el que ya ni siquiera es suficiente el término "Ola de frío", sino que además es necesario añadirle un nombre propio, para referirse a lo que desde siempre se ha llamado; invierno .
Después de la larga caminata por la nieve para llegar hasta allí, casi se agradecían los -5ºC. Pero transcurrido lo que a mi me pareció un rato. De pronto notas que los dedos de las manos ya no responden para accionar los controles de la cámara, y los de los pies parecen no existir. Miras el reloj y han pasado dos horas y media desde que llegaste !!!.
Y te marchas con la certeza de que sí; el tiempo es relativo... (Clik en la imagen para verla más grande)
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| Carámbanos (F:9,V:1/5s,ISO:100) |
En fotografía, es importante la composición. Que viene a ser, la forma en que están distribuidos los elementos dentro del encuadre, para que el resultado sintonice con lo que la mente humana percibe como agradable o armónico.
Algo así como, intentar dar un sentido puramente mental, a algo que ya lo tiene en sí mismo más allá de cualquier apreciación subjetiva.
Esto es más absurdo si cabe aplicado a la fotografía de naturaleza, ya que ahí, mires donde mires, todo es perfecto y, en ella la armonía está presente incluso en el aparente caos.
Pero la mente humana, con su característica querencia por lo absurdo (eso debe ser por afinidad) nunca se resigna a dejar de buscar inutilmente en la Forma, la manera de comprender lo incomprensible.
Por eso ese día, mientras me afanaba en encontrar el ángulo de encuadre perfecto para condensar todo aquello en una imagen, pensaba en qué opinaría de ello cualquier otro animalillo que me estuviera viendo... Por suerte, ellos no juzgan.
Aquel frío día una buena capa de nieve lo cubría todo. Y por encima del suelo la niebla extendía y difuminaba el blanco en vertical hasta posarse congelada en las ramas.
Todo esto en un silencio absoluto, hacía que el bosque pareciera más que nunca, un lugar irreal. (Clik que en la imagen para verla más grande).
Una vez más, en el año que va a empezar, como siempre o quizá más que nunca, deseo para ti y los tuyos lo mejor que se puede desear : Salud y Consciencia.
https://www.youtube.com/watch?v=N3g7zMCuGLo
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| Hayedo, nieve, hielo y niebla (F:9,V:1/20s,ISO:200) |
En plural, porque cada uno de ellos es tan único e irrepetible como cualquier ser vivo.
Unos años a las hayas les toca producir semillas (uno de cada nueve aproximadamente) y sus hojas enseguida se ponen marrones sin pasar por el esplendor de los amarillos y rojos.
Otras veces, los fuertes vientos del Oeste llegan prematuramente arrebatándolas de las ramas casi en el mismo instante en que cambian de color.
Hace años, con mucha frecuencia las heladas tempranas a primeros de Octubre desnudaban el bosque casi de un día para otro.
Pero muy de vez en cuando, el otoño va llegando tan lentamente, que da tiempo a que el proceso de deterioro de la clorofila cubra el bosque de tonos dorados.
Aquel otoño, como pocos otros que recuerde, se dieron todas las condiciones favorables. Y sólo hubo que esperar el momento oportuno. (Clik en la imagen para verla más grande).
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| Haya dorada (F8,V:1/4s,ISO:100) |