Mostrando entradas con la etiqueta ANFIBIOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ANFIBIOS. Mostrar todas las entradas
lunes, 13 de abril de 2026
viernes, 28 de noviembre de 2025
RANA DE SAN ANTONIO
Dificilísima de ver entre las hojas de los árboles y arbustos en los que vive, ya es toda una suerte sólo escuchar su canto (que antes se decía que era el de una serpiente).
La alarmante regresión que han sufrido todos los anfibios y entre ellos esta especie, hace que un encuentro con ella sea inolvidable, porque el siguiente puede tardar años, o como en este caso, décadas. (Clk en la imagen para verla más grande)
![]() |
| Rana de San Antonio (F:4,V:1/15s,ISO:100) |
viernes, 15 de noviembre de 2019
CONSCIENCIA DE LO EFÍMERO
Por paradójico que parezca, esto de la fotografía y, más aún la de naturaleza, dependiendo de como te lo tomes, no me parece una actividad muy recomendable.
Y no sólo por lo que conlleva de interferencia con la experiencia real, a la que fácilmente puede llegar a suplantar a cambio de llevarte a casa algo tan irreal, como és un puñado de píxeles. Sino también, por lo que tiene de acicate para el deseo de; captar, conseguir, poseer en definitiva, algo tan inaprensible como lo és un un instante detenido en el tiempo.
Pero si hay algo de positivo en el ingenuo espejismo de creer que se puede extraer un momento del devenir y, conservarlo inalterado indefinidamente, tal vez sea, que esa relación directa y cotidiana con fragmentos tan breves de la realidad, cuya existencia pocas veces supera las centésimas o milésimas de segundo, quizá te ayuda a ser más consciente de lo efímero e irrepetible de todo cuanto existe.
Más de una vez aquí, me he referido a los regalos que a diario, la naturaleza te hace cuando le dedicas el tiempo y la pasión que ella merece.
Ese día, seguro que hubo otros más sutiles, pero este quizá fué el más evidente. Y tuve que esperar hasta el último momento para recibirlo.
A última hora de la tarde, mientras el sol ya muy bajo se ocultaba detrás del horizonte, encontré esta pequeña rana de San Antonio.
Hacía seis años que había encontrado la última de esta especie, porque cada vez son más escasas y raras de ver. Y nunca antes había podido fotografiarla en unas condiciones tan favorecedoras.
Tener uno de estos seres así, bajo esa cualidad tenue y dorada que tiene la luz justo antes de extinguirse, con ese fondo de flores de brezo y esa distribución de los elementos en el encuadre, era algo que como cualquier otro instante que vivimos, no se repetirá, no ya en esta vida, tampoco en las mil siguientes.
Con sólo la mitad de la esfera solar aún visible, sabía que no contaba con mucho más de 20 segundos antes de que el sol desapareciera por completo. Y seguramente tuve presente entonces, que alguna otra vez, en circunstancias parecidas había perdido una buena foto, por pensarlo demasiado. Así que esta vez ni pensé. Como un autómata monté el tinglado a toda velocidad. Tres fotos. Y ya todo fue engullido por la sombra. (Clik en la imagen para verla más grande).
Y no sólo por lo que conlleva de interferencia con la experiencia real, a la que fácilmente puede llegar a suplantar a cambio de llevarte a casa algo tan irreal, como és un puñado de píxeles. Sino también, por lo que tiene de acicate para el deseo de; captar, conseguir, poseer en definitiva, algo tan inaprensible como lo és un un instante detenido en el tiempo.
Pero si hay algo de positivo en el ingenuo espejismo de creer que se puede extraer un momento del devenir y, conservarlo inalterado indefinidamente, tal vez sea, que esa relación directa y cotidiana con fragmentos tan breves de la realidad, cuya existencia pocas veces supera las centésimas o milésimas de segundo, quizá te ayuda a ser más consciente de lo efímero e irrepetible de todo cuanto existe.
Más de una vez aquí, me he referido a los regalos que a diario, la naturaleza te hace cuando le dedicas el tiempo y la pasión que ella merece.
Ese día, seguro que hubo otros más sutiles, pero este quizá fué el más evidente. Y tuve que esperar hasta el último momento para recibirlo.
A última hora de la tarde, mientras el sol ya muy bajo se ocultaba detrás del horizonte, encontré esta pequeña rana de San Antonio.
Hacía seis años que había encontrado la última de esta especie, porque cada vez son más escasas y raras de ver. Y nunca antes había podido fotografiarla en unas condiciones tan favorecedoras.
Tener uno de estos seres así, bajo esa cualidad tenue y dorada que tiene la luz justo antes de extinguirse, con ese fondo de flores de brezo y esa distribución de los elementos en el encuadre, era algo que como cualquier otro instante que vivimos, no se repetirá, no ya en esta vida, tampoco en las mil siguientes.
Con sólo la mitad de la esfera solar aún visible, sabía que no contaba con mucho más de 20 segundos antes de que el sol desapareciera por completo. Y seguramente tuve presente entonces, que alguna otra vez, en circunstancias parecidas había perdido una buena foto, por pensarlo demasiado. Así que esta vez ni pensé. Como un autómata monté el tinglado a toda velocidad. Tres fotos. Y ya todo fue engullido por la sombra. (Clik en la imagen para verla más grande).
![]() |
| Rana de San Antonio (Hyla arborea) (F:9,V:1/80s,ISO:200) |
lunes, 8 de julio de 2019
EL PRÍNCIPE DEL HUERTO
De las muchas catástrofes que la especie humana está provocando en todo el planeta y ni siquiera por maldad, sino por pura inconsciencia. La de la alarmante regresión hasta la casi extinción de los anfibios, quizá sea una de las más desapercibidas, silenciosas y dramáticas.
Las especiales características de estos animales, con pieles muy permeables, les hacen especialmente vulnerables a los efectos de las sustancias tóxicas contenidas en el aire y el agua, por lo que en un planeta cada vez más contaminado, parece no haber sitio para ellos.
Los hábitos discretos y casi siempre nocturnos de muchos de estos animales, han hecho que no sea tan evidente hasta qué punto ya son escasos. Pero quienes por ejemplo transiten por carreteras rurales, pueden recordar las masacres de sapos atropellados por los coches que se producían cada verano hasta hace unos pocos años.
Hoy la triste imagen de multitud de estos anfibios aplastados sobre el asfalto, forma parte del recuerdo. Pero por algo más triste aún; y es porque los sapos casi han desaparecido.
Cuando la prolongada ausencia de lluvia y las altas temperaturas resecan el monte, los sapos, cada vez más escasos, descienden hacia el fondo de los valles en busca de la humedad que necesitan. Ahí, a veces se instalan en los huertos próximos a los pueblos, donde serán grandes aliados del horticultor, alimentándose durante la noche de toda clase de pequeños animales perjudiciales para los cultivos. A condición de que estos estén libres de pesticidas, de lo contrario, ellos serán una víctima más, al alimentarse de los insectos que han sido envenenados.
Cada verano; cuando parece que ese va a ser el primero sin el privilegio de tener un sapo en el huerto, alguno acaba apareciendo. Ya no tres o cuatro como hace años. Pero aunque sea uno sólo, encontrarlo siempre es la misma sorpresa y alegría . (Clik en la imagen para verla más grande).
Las especiales características de estos animales, con pieles muy permeables, les hacen especialmente vulnerables a los efectos de las sustancias tóxicas contenidas en el aire y el agua, por lo que en un planeta cada vez más contaminado, parece no haber sitio para ellos.
Los hábitos discretos y casi siempre nocturnos de muchos de estos animales, han hecho que no sea tan evidente hasta qué punto ya son escasos. Pero quienes por ejemplo transiten por carreteras rurales, pueden recordar las masacres de sapos atropellados por los coches que se producían cada verano hasta hace unos pocos años.
Hoy la triste imagen de multitud de estos anfibios aplastados sobre el asfalto, forma parte del recuerdo. Pero por algo más triste aún; y es porque los sapos casi han desaparecido.
Cuando la prolongada ausencia de lluvia y las altas temperaturas resecan el monte, los sapos, cada vez más escasos, descienden hacia el fondo de los valles en busca de la humedad que necesitan. Ahí, a veces se instalan en los huertos próximos a los pueblos, donde serán grandes aliados del horticultor, alimentándose durante la noche de toda clase de pequeños animales perjudiciales para los cultivos. A condición de que estos estén libres de pesticidas, de lo contrario, ellos serán una víctima más, al alimentarse de los insectos que han sido envenenados.
Cada verano; cuando parece que ese va a ser el primero sin el privilegio de tener un sapo en el huerto, alguno acaba apareciendo. Ya no tres o cuatro como hace años. Pero aunque sea uno sólo, encontrarlo siempre es la misma sorpresa y alegría . (Clik en la imagen para verla más grande).
![]() |
| Sapo común (Bufo bufo)(F:3.5,V:1/250s, ISO:400) |
lunes, 28 de abril de 2014
LA RANA ARBORÍCOLA EUROPÉA
Aunque a principios de primavera se la puede encontrar en tierra, cerca del agua en lugares encharcados, la rana de San Antonío elije arbustos y árboles para instalarse desde final de primavera hasta el otoño. Desde ellos deja oír esporadicamente su canto característico.
Entre principios y mediados de Octubre, dependiendo de la climatología, descenderá de nuevo al suelo para hibernar.
Los discos adherentes de sus dedos, le permiten desplazarse sobre las resbaladizas hojas entre las que suele permanecer, adaptando su color al de la vegetación que la rodea, pudiendo cambiar en pocos minutos casi de cualquier tono de verde, al gris o al pardo, haciéndose indistinguible de su entorno.
La linea oscura que recorre el lateral de su cuerpo, ayuda incluso a descomponer su forma, dándole un aspecto si cabe aún más vegetal.
Encontré a este ejemplar encaramado a las ramas de un espino albar, casi perfectamente mimetizado con las hojas que acababan de empezar a abrirse. Cuando las hojas hubiesen alcanzado todo su tamaño, hubiera sido casi imposible localizarla.
Desgraciadamente, el declive que las poblaciones de anfibios están sufriendo en todo el planeta, hará que en pocos años, tengamos que tomar conciencia por su alarmante escasez y quizá cuando sea ya demasiado tarde, del tesoro biológico que constituyen estos animales, por su rareza y vulnerabilidad.
Entre principios y mediados de Octubre, dependiendo de la climatología, descenderá de nuevo al suelo para hibernar.
Los discos adherentes de sus dedos, le permiten desplazarse sobre las resbaladizas hojas entre las que suele permanecer, adaptando su color al de la vegetación que la rodea, pudiendo cambiar en pocos minutos casi de cualquier tono de verde, al gris o al pardo, haciéndose indistinguible de su entorno.
La linea oscura que recorre el lateral de su cuerpo, ayuda incluso a descomponer su forma, dándole un aspecto si cabe aún más vegetal.
Encontré a este ejemplar encaramado a las ramas de un espino albar, casi perfectamente mimetizado con las hojas que acababan de empezar a abrirse. Cuando las hojas hubiesen alcanzado todo su tamaño, hubiera sido casi imposible localizarla.
Desgraciadamente, el declive que las poblaciones de anfibios están sufriendo en todo el planeta, hará que en pocos años, tengamos que tomar conciencia por su alarmante escasez y quizá cuando sea ya demasiado tarde, del tesoro biológico que constituyen estos animales, por su rareza y vulnerabilidad.
![]() |
| Rana de San Antonio (Hyla arborea) (V:1/100, F:7, ISO:100) |
jueves, 10 de octubre de 2013
ADIÓS A LAS RANAS
Desde principios de primavera hasta entrado el otoño, se puede oír esporádicamente el característico canto de la Rana de San Antón (Hyla arborea), cuya procedencia exacta es más difícil de determinar a medida que nos aproximamos. Esta peculiaridad que comparte con algunas otras especies animales, les serviría para evitar su localización por parte de los depredadores en el único momento en el que su presencia se hace patente; cuando cantan.
Este sonido, es uno de los pocos indicios que delata la presencia de este discreto y mimético animal, que como sucede con otros miembros de su mismo orden, es cada vez más escaso en nuestros campos y bosques.
Los anfibios, por su fisiología, forma de reproducción y por la permeabilidad de sus delicadas pieles, son especialmente sensibles a las alteraciones en su entorno y la contaminación de las aguas, por lo que están considerados indicadores de la salud de los hábitats que ocupan.
La exposición de las larvas a niveles excesivos de radiación ultravioleta, y a sustancias químicas disueltas en el agua que actúan como hormonas y producen mutaciones, están haciendo que cada vez con más frecuencia sean encontrados ejemplares con malformaciones y alteraciones genéticas que los incapacitan para la reproducción. Y esto está sucediendo a una velocidad alarmante y a nivel global.
Algunos científicos, ante la inminente desaparición de al menos la mitad de las 6.000 especies de anfibios conocidas, avisan ya de que en breve asistiremos a la que será la mayor extinción de especies en el planeta desde la era de los dinosaurios.
Este sonido, es uno de los pocos indicios que delata la presencia de este discreto y mimético animal, que como sucede con otros miembros de su mismo orden, es cada vez más escaso en nuestros campos y bosques.
![]() |
| Rana de Sán Antón (Hyla arborea) ( F:8, V:1/50, ISO: 100 ) |
La exposición de las larvas a niveles excesivos de radiación ultravioleta, y a sustancias químicas disueltas en el agua que actúan como hormonas y producen mutaciones, están haciendo que cada vez con más frecuencia sean encontrados ejemplares con malformaciones y alteraciones genéticas que los incapacitan para la reproducción. Y esto está sucediendo a una velocidad alarmante y a nivel global.
Algunos científicos, ante la inminente desaparición de al menos la mitad de las 6.000 especies de anfibios conocidas, avisan ya de que en breve asistiremos a la que será la mayor extinción de especies en el planeta desde la era de los dinosaurios.
![]() |
| Rana de San Antón (Hyla arborea) ( F:18, V1/20, ISO: 100 ) |
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






