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lunes, 13 de abril de 2026
lunes, 23 de diciembre de 2019
NUNCA ES LO BASTANTE CERCA
Robert capa, seudónimo de Ernö Friedmann, seguramente el más conocido fotógrafo de guerra de la historia, dijo: "si tus fotografías no son buenas, es porque no te acercaste lo suficiente".
Conseguir ese acercamiento a animales salvajes, nunca es fácil. Sólo quien se dedique a esto y conozca realmente cuanta es la dificultad, puede valorar en su justa medida el mérito de una imagen.
En el caso de esta, el mérito si lo tiene por el acercamiento, no está tanto en la dificultad, como en el riesgo. Que también hasta cierto punto es controlado, cuando conoces el comportamiento de estos seres y sabes que nunca harán uso de su veneno, si no es estrictamente necesario para defender su vida. https://fermincastellano.blogspot.com/2016/08/vibora-aspid-vipera-aspis.html
Aún así, fotografiar una víbora áspid, siempre es un momento muy intenso, porque el alto grado de concentración que se da siempre por lo inmersivo, cuando fotografías tan de cerca insectos o flores. Se hace extremo cuando el sujeto que tienes a un palmo de la cara es un animal con el que si cometes un error, en el mejor de los casos te hará mucha pupita. Y en el peor, te puede mandar al otro lado... (Clik en la imagen para verla más grande).
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| Víbora áspid (Vipera aspis) (F:2.8,V:17160s,ISO:100) |
miércoles, 18 de septiembre de 2019
PEQUEÑA SUPERVIVIENTE
Si la vida de cualquier animal adulto en la naturaleza es una lucha constante por la supervivencia, cuando se trata de recién nacidos como los de los ofidios, que en cuanto abandonan el huevo, inician ya una vida en solitario teniendo como única guía su instinto de especie. Que algunos de ellos consigan sobrevivir, resulta casi milagroso.
En una zona rocosa con poca cobertura vegetal donde esconderse, esta pequeña culebra de collar (Natrix natrix) había encontrado en la penumbra de la entrada de una cueva, relativo refugio de la multitud que son sus potenciales depredadores.
Después de hacerle la foto, mirando un momento más ese gran ojo naranja, sólo cabía desearle que consiguiera poder ver muchos más días como aquel. (Clik en la imagen para verla más grande).
En una zona rocosa con poca cobertura vegetal donde esconderse, esta pequeña culebra de collar (Natrix natrix) había encontrado en la penumbra de la entrada de una cueva, relativo refugio de la multitud que son sus potenciales depredadores.
Después de hacerle la foto, mirando un momento más ese gran ojo naranja, sólo cabía desearle que consiguiera poder ver muchos más días como aquel. (Clik en la imagen para verla más grande).
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| Culebra de collar (Natrix natrix) (F:2.8,V:1/30,ISO:200) |
domingo, 31 de marzo de 2019
GÁRGOLA
sábado, 12 de enero de 2019
LA RANA ARBORÍCOLA
Quizá sean los anfibios, uno de los grupos de especies más directamente perjudicados por los cambios y la destrucción que nuestra especie está infligiendo al planeta.
En vista de la alarmante disminución de sus poblaciones en las últimas dos décadas en todos los continentes, especialmente en los más industrializados, los científicos advierten ya de la posible extinción de muchas de estos seres.
Cuando era pequeño, nos decían que aquel extraño sonido que procedía de entre las ramas de los arbustos, lo producía una especie de culebra.
A pesar de que siempre intentaba encontrarla entre la maraña de hojas verdes, el sonido siempre acababa cesando antes de que descubriera a su emisor.
Más tarde supe, que aquel potente croar, era en realidad el canto de la rana de San Antonio (Hyla arborea).
Si cada vez es más raro escuchar ese sonido en las bochornosas tardes de verano, encontrar una de ellas entre la vegetación, de la que parecen formar parte; fué una enorme suerte. (Clk en la imagen para verla más grande).
En vista de la alarmante disminución de sus poblaciones en las últimas dos décadas en todos los continentes, especialmente en los más industrializados, los científicos advierten ya de la posible extinción de muchas de estos seres.
Cuando era pequeño, nos decían que aquel extraño sonido que procedía de entre las ramas de los arbustos, lo producía una especie de culebra.
A pesar de que siempre intentaba encontrarla entre la maraña de hojas verdes, el sonido siempre acababa cesando antes de que descubriera a su emisor.
Más tarde supe, que aquel potente croar, era en realidad el canto de la rana de San Antonio (Hyla arborea).
Si cada vez es más raro escuchar ese sonido en las bochornosas tardes de verano, encontrar una de ellas entre la vegetación, de la que parecen formar parte; fué una enorme suerte. (Clk en la imagen para verla más grande).
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| Rana de San Antonio (Hyla arborea) (F:10,V:1/100s,ISO:160) |
martes, 6 de febrero de 2018
RECIEN NACIDO
Un reciente estudio utilizando las tecnologías más avanzadas, ha llegado a la conclusión de que el peligro de extinción para muchas de las especies de anfibios, es aún mayor de lo que los científicos habían estimado con anterioridad.
Tres factores como son: cambio climático, pérdida del hábitat y la enfermedad producida por el hongo Batrachochitryum dendrobatidis (Bd) que se dan conjuntamente en algunas regiones del planeta donde existe la mayor diversidad de estos animales, amenazan con hacer desaparecer para siempre cientos de estas especies.
Si siempre ha sido una suerte para cualquiera que tenga un huerto o un jardín contar con la discreta y benéfica presencia en él, de algún sapo. A medida que con los años estos animales, para muchos de aspecto repugnante -habría que saber que piensan ellos del nuestro-, son cada vez más escasos, más que una suerte, su proximidad es ya un raro privilegio.
Una de esas también cada vez más escasas tormentas de verano, justo al anochecer, fue el detonante para la eclosión simultánea de varias puestas de huevos de sapo común.
Por unos segundos el suelo parecía hervir con aquellos cientos de pequeños cuerpecillos de menos de un centímetro, saltando en todas direcciones.
Este había caído dentro de una gran gota de agua sobre la superficie de una hoja y permanecía así de tranquilo, como sintiéndose protegido por el líquido del que parecía formar parte. Quizá le recordaba el del interior del huevo del que acababa de salir. (Clik en la imagen para verla más grande).
Tres factores como son: cambio climático, pérdida del hábitat y la enfermedad producida por el hongo Batrachochitryum dendrobatidis (Bd) que se dan conjuntamente en algunas regiones del planeta donde existe la mayor diversidad de estos animales, amenazan con hacer desaparecer para siempre cientos de estas especies.
Si siempre ha sido una suerte para cualquiera que tenga un huerto o un jardín contar con la discreta y benéfica presencia en él, de algún sapo. A medida que con los años estos animales, para muchos de aspecto repugnante -habría que saber que piensan ellos del nuestro-, son cada vez más escasos, más que una suerte, su proximidad es ya un raro privilegio.
Una de esas también cada vez más escasas tormentas de verano, justo al anochecer, fue el detonante para la eclosión simultánea de varias puestas de huevos de sapo común.
Por unos segundos el suelo parecía hervir con aquellos cientos de pequeños cuerpecillos de menos de un centímetro, saltando en todas direcciones.
Este había caído dentro de una gran gota de agua sobre la superficie de una hoja y permanecía así de tranquilo, como sintiéndose protegido por el líquido del que parecía formar parte. Quizá le recordaba el del interior del huevo del que acababa de salir. (Clik en la imagen para verla más grande).
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| Sapo común recién nacido (Bufo bufo) (F:11,V:1/125s,ISO:100) |
lunes, 6 de noviembre de 2017
DEPREDADOR Y PRESA
De las tres especies de víboras ibéricas, la víbora áspid (Vipera aspis) es la de mayor tamaño, llegando a medir más de 80 centímetros.
Es un cazador eminentemente diurno, que en la etapa juvenil se alimenta de lagartijas y lagartos. Y en la adulta, principalmente de pequeños roedores.
Encontré este ejemplar sobre una gran piedra, aprovechando los breves momentos de sol de un día de finales de invierno, para aumentar su temperatura corporal y acelerar así el lento proceso de digestión de su presa, seguramente recién capturada. Que por la forma y tamaño del abultamiento de su cuerpo, seguramente había sido un lagarto.
En momentos así, en los que abandonan la protección de la densa vegetación, en busca de calor en zonas despejadas, con frecuencia y a pesar de su críptica coloración que casi las funde con la roca, ellas pasan a ser potenciales presas, sobre todo de poderosos depredadores aéreos especializados en la caza de reptiles. (Clik en la imagen para verla más grande).
Es un cazador eminentemente diurno, que en la etapa juvenil se alimenta de lagartijas y lagartos. Y en la adulta, principalmente de pequeños roedores.
Encontré este ejemplar sobre una gran piedra, aprovechando los breves momentos de sol de un día de finales de invierno, para aumentar su temperatura corporal y acelerar así el lento proceso de digestión de su presa, seguramente recién capturada. Que por la forma y tamaño del abultamiento de su cuerpo, seguramente había sido un lagarto.
En momentos así, en los que abandonan la protección de la densa vegetación, en busca de calor en zonas despejadas, con frecuencia y a pesar de su críptica coloración que casi las funde con la roca, ellas pasan a ser potenciales presas, sobre todo de poderosos depredadores aéreos especializados en la caza de reptiles. (Clik en la imagen para verla más grande).
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| Víbora áspid (Vipera aspis) (F:2.8,V:1/125,ISO:200) |
jueves, 5 de enero de 2017
SALAMANDRA
Como todas las demás especies de anfibios, la salamandra común es uno de los animales a los que el cambio en el clima está afectando de forma más grave.
La permeabilidad de su piel, les hace muy vulnerables a las sustancias químicas artificiales vertidas a los medios acuáticos en los que habitan.
Por si eso fura poco, los períodos cada vez más largos sin precipitaciones, hacen desaparecer charcas, fuentes y otros puntos de agua que son necesarios para su supervivencia e imprescindibles para su reproducción.
Anochecía ya y la luz era muy escasa. Cuando la encontré al borde de un sendero del bosque. Por un momento dudé si merecía la pena intentar fotografiarla en aquellas condiciones.
Aún sabiendo que el resultado no sería muy bueno, lo hice porque quien sabe los años que pueden pasar antes de que vuelva a ver otra.
Me marché pensando en que su piel contrastada y colorida con el código de advertencia de su toxicidad, que la protege de los depredadores, poco podía protegerla del gran peligro que hemos hecho que se cierna sobre ella. (Clik en la imagen para verla más grande).
La permeabilidad de su piel, les hace muy vulnerables a las sustancias químicas artificiales vertidas a los medios acuáticos en los que habitan.
Por si eso fura poco, los períodos cada vez más largos sin precipitaciones, hacen desaparecer charcas, fuentes y otros puntos de agua que son necesarios para su supervivencia e imprescindibles para su reproducción.
Anochecía ya y la luz era muy escasa. Cuando la encontré al borde de un sendero del bosque. Por un momento dudé si merecía la pena intentar fotografiarla en aquellas condiciones.
Aún sabiendo que el resultado no sería muy bueno, lo hice porque quien sabe los años que pueden pasar antes de que vuelva a ver otra.
Me marché pensando en que su piel contrastada y colorida con el código de advertencia de su toxicidad, que la protege de los depredadores, poco podía protegerla del gran peligro que hemos hecho que se cierna sobre ella. (Clik en la imagen para verla más grande).
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| Salamandra común (Salamandra salamandra) (F:18,V:2s,ISO:100) |
lunes, 17 de octubre de 2016
REFLEXIONES DE UN LAGARTO
Mientras fotografiaba flores, sin querer asusté a esta pequeña cría de lagarto ocelado (Lacerta lepida) a la que no había visto entre la hierba.
Fue a ocultarse cerca, en una vieja madriguera de ratones donde desapareció. Unos pocos minutos después asomó la cabeza y permaneció allí, observando con curiosidad mientras yo tirado por en suelo intentaba fotografiar una orquídea que crecía cerca de su agujero.
La verdad es que no pude concentrarme mucho en la flor viéndole así, impaciente por reanudar su caza de insectos. Y me marché enseguida para no molestarle más.
Cada vez que miro esta foto, veo en esa mirada, inteligencia. Y en su expresión, incluso lo que parece una leve sonrisa. Y puede que lo sea, por verme allí tirado frente a su casa haciendo cosas en el fondo tan absurdas.
Un pequeño pero antiguo ser como este, centrado absolutamente en la supervivencia, al observarme quizá se estaría preguntando : ¿como puede ser que una especie así, halla llegado a dominar el planeta?....
Fue a ocultarse cerca, en una vieja madriguera de ratones donde desapareció. Unos pocos minutos después asomó la cabeza y permaneció allí, observando con curiosidad mientras yo tirado por en suelo intentaba fotografiar una orquídea que crecía cerca de su agujero.
La verdad es que no pude concentrarme mucho en la flor viéndole así, impaciente por reanudar su caza de insectos. Y me marché enseguida para no molestarle más.
Cada vez que miro esta foto, veo en esa mirada, inteligencia. Y en su expresión, incluso lo que parece una leve sonrisa. Y puede que lo sea, por verme allí tirado frente a su casa haciendo cosas en el fondo tan absurdas.
Un pequeño pero antiguo ser como este, centrado absolutamente en la supervivencia, al observarme quizá se estaría preguntando : ¿como puede ser que una especie así, halla llegado a dominar el planeta?....
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| Joven lagarto ocelado (Lacerta lepida) (F:2.8,V:1/320s,ISO:100) |
miércoles, 3 de agosto de 2016
INOFENSIVA
Hace unos días leía algo sobre casos de mordeduras de víbora en el pantano de Ullibarri y en un parque de la periferia de la ciudad. También leí al hilo de eso, que alguien ya pedía que se tomaran medidas al respecto.
De forma natural, el miedo a las serpientes y a cualquier cosa que se le parezca, está inscrito en la parte de nuestro cerebro donde se alojan los más básicos instintos de supervivencia, anteriores incluso a nuestra etapa como homínidos, como reminiscencia de un tiempo remoto en el que formábamos parte de la naturaleza, de forma equilibrada.
Es curioso que la otra parte del cerebro donde se aloja nuestra supuesta y más evolucionada inteligencia, que nos ha llevado a romper ese equilibrio y a establecer una relación de dominio tan asimétrica con la naturaleza. En lugar de racionalizar en lo que concierne a la reacción ante los reptiles, se suma en negativo al impulso más arcaico, añadiéndole seguramente inclusos prejuicios subconscientes de origen bíblico. Y exige poco menos que la aniquilación de estos animales de manera preventiva.
Leyendo el título de esta entrada, habrá quien diga: "se nota que a este no le ha mordido ninguna". Error. Sí he sido mordido por una víbora ( y seguramente no será la última) y además una persona de mi entorno más cercano también lo ha sido. Y ambos seguimos pensando que estos animales son, como dice el título: INOFENSIVOS. Basta con remitirse a la etimología de la palabra.
Nunca una víbora atacará a un ser humano sino es para defender su vida. Las víboras se alimentan de pequeños animales como ratones o lagartijas, por eso sus mordeduras a nosotros o a cualquier otro animal que no forme parte de su dieta, siempre son defensivas. Y todo en ellas lo es.
Ante una persona, una víbora, permanecerá inmóvil confiando en su camuflaje hasta sentirse descubierta, entonces intentará huir. Si se le impide, emitirá una especie de bufido de advertencia. Si sigue sintiéndose amenazada, lanzará su cabeza con la boca cerrada sin intención de morder, como advertencia máxima. Y es sólo cuando se la toca, cuando muerde e inocula su veneno. Una mezcla de proteínas modificadas, energeticamente muy costosas de producir para el animal y es por eso que siempre hará un uso muy restringido de él.
Todo este despliegue defensivo queda anulado cuando se entra en contacto con uno de estos animales, por accidente . Y en estos casos, la culpa no es del reptil, sino de quien la ha tocado por descuido, ignorancia, o negligencia.
Desde muy pequeño he cogido víboras con la mano, para después soltarlas.
En la adolescencia, en esa etapa de la vida en la que uno necesita quizá demostrarse cosas a sí mismo, aprovechaba los muy esporádicos encuentros con estos escasos animales y las cogía de la forma más arriesgada posible, sabiendo que el menor error o pérdida de concentración, podía tener consecuencias como mínimo dolorosas.
Ahora sólo las cojo si es necesario. Y esta vez lo era.
Hacía unos 6 años que no veía ninguna. Encontré esta enorme víbora áspid atrapada en una zanja, que con sus paredes de tierra casi verticales se había convertido en una trampa de la que no hubiera podido salir por si sola, por eso tuve que cogerla para ponerla a salvo.
Recuerdo cual fue la víbora más grande que había cogido hasta entonces, unos 60 centímetros; pero esta era aún mayor, con casi 10 centímetros más. Basta ver en la imagen las proporciones entre la cabeza y el grosor del cuerpo. Era una de esas con las que si cometes un error, en determinadas circunstancias, te puede enviar de regreso a tu planeta.
Esta foto está hecha con un objetivo macro a muy corta distancia. Hay que ser muy inconsciente, muy super héroe, o conocer muy bien su comportamiento, para tener un animal así a poco más de un palmo de la cara, estando pendiente además de la elección del diafragma, el encuadre, la velocidad de obturación.....; pero esto demuestra una vez más que el miedo, casi siempre es consecuencia del desconocimiento.
Sin ánimo de emular a Becquer, (además no hay nada poético en todo esto); a quienes reclaman medidas para "controlar" (eliminar) a estos y otros animales incómodos y por eso cada vez más escasos, decirles que: el peligro no son las víboras, ni las avispas, ni los lobos, ni los tiburones: peligro.... eres tú....
Lo eres como individuo y como especie.
Desnaturalizado, cobarde, e incapaz de aceptar el mínimo riesgo en tu propósito insaciable de conseguir más placer y comodidad, aún al precio de estar arrasando el único lugar habitable que conoces, en un afán suicida de someter a este planeta y todos sus seres, a las necesidades y caprichos propios de un ser cada vez más débil, fóbico y disfuncional.
De forma natural, el miedo a las serpientes y a cualquier cosa que se le parezca, está inscrito en la parte de nuestro cerebro donde se alojan los más básicos instintos de supervivencia, anteriores incluso a nuestra etapa como homínidos, como reminiscencia de un tiempo remoto en el que formábamos parte de la naturaleza, de forma equilibrada.
Es curioso que la otra parte del cerebro donde se aloja nuestra supuesta y más evolucionada inteligencia, que nos ha llevado a romper ese equilibrio y a establecer una relación de dominio tan asimétrica con la naturaleza. En lugar de racionalizar en lo que concierne a la reacción ante los reptiles, se suma en negativo al impulso más arcaico, añadiéndole seguramente inclusos prejuicios subconscientes de origen bíblico. Y exige poco menos que la aniquilación de estos animales de manera preventiva.
Leyendo el título de esta entrada, habrá quien diga: "se nota que a este no le ha mordido ninguna". Error. Sí he sido mordido por una víbora ( y seguramente no será la última) y además una persona de mi entorno más cercano también lo ha sido. Y ambos seguimos pensando que estos animales son, como dice el título: INOFENSIVOS. Basta con remitirse a la etimología de la palabra.
Nunca una víbora atacará a un ser humano sino es para defender su vida. Las víboras se alimentan de pequeños animales como ratones o lagartijas, por eso sus mordeduras a nosotros o a cualquier otro animal que no forme parte de su dieta, siempre son defensivas. Y todo en ellas lo es.
Ante una persona, una víbora, permanecerá inmóvil confiando en su camuflaje hasta sentirse descubierta, entonces intentará huir. Si se le impide, emitirá una especie de bufido de advertencia. Si sigue sintiéndose amenazada, lanzará su cabeza con la boca cerrada sin intención de morder, como advertencia máxima. Y es sólo cuando se la toca, cuando muerde e inocula su veneno. Una mezcla de proteínas modificadas, energeticamente muy costosas de producir para el animal y es por eso que siempre hará un uso muy restringido de él.
Todo este despliegue defensivo queda anulado cuando se entra en contacto con uno de estos animales, por accidente . Y en estos casos, la culpa no es del reptil, sino de quien la ha tocado por descuido, ignorancia, o negligencia.
Desde muy pequeño he cogido víboras con la mano, para después soltarlas.
En la adolescencia, en esa etapa de la vida en la que uno necesita quizá demostrarse cosas a sí mismo, aprovechaba los muy esporádicos encuentros con estos escasos animales y las cogía de la forma más arriesgada posible, sabiendo que el menor error o pérdida de concentración, podía tener consecuencias como mínimo dolorosas.
Ahora sólo las cojo si es necesario. Y esta vez lo era.
Hacía unos 6 años que no veía ninguna. Encontré esta enorme víbora áspid atrapada en una zanja, que con sus paredes de tierra casi verticales se había convertido en una trampa de la que no hubiera podido salir por si sola, por eso tuve que cogerla para ponerla a salvo.
Recuerdo cual fue la víbora más grande que había cogido hasta entonces, unos 60 centímetros; pero esta era aún mayor, con casi 10 centímetros más. Basta ver en la imagen las proporciones entre la cabeza y el grosor del cuerpo. Era una de esas con las que si cometes un error, en determinadas circunstancias, te puede enviar de regreso a tu planeta.
Esta foto está hecha con un objetivo macro a muy corta distancia. Hay que ser muy inconsciente, muy super héroe, o conocer muy bien su comportamiento, para tener un animal así a poco más de un palmo de la cara, estando pendiente además de la elección del diafragma, el encuadre, la velocidad de obturación.....; pero esto demuestra una vez más que el miedo, casi siempre es consecuencia del desconocimiento.
Sin ánimo de emular a Becquer, (además no hay nada poético en todo esto); a quienes reclaman medidas para "controlar" (eliminar) a estos y otros animales incómodos y por eso cada vez más escasos, decirles que: el peligro no son las víboras, ni las avispas, ni los lobos, ni los tiburones: peligro.... eres tú....
Lo eres como individuo y como especie.
Desnaturalizado, cobarde, e incapaz de aceptar el mínimo riesgo en tu propósito insaciable de conseguir más placer y comodidad, aún al precio de estar arrasando el único lugar habitable que conoces, en un afán suicida de someter a este planeta y todos sus seres, a las necesidades y caprichos propios de un ser cada vez más débil, fóbico y disfuncional.
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| Víbora aspid (Vipera aspis) (F:8,V:1/200s,ISO:100) |
miércoles, 24 de diciembre de 2014
CORONELA AUSTRIACA
Si, ese es el extraño nombre científico de esta culebra, el vulgar es Culebra lisa Européa.
Es una de las serpientes más pequeñas de la Península Iberica. Su coloración puede ir del gris al pardo rojizo. Es característica en esta especie la linea oscura que recorre la cabeza desde los orificios nasales hasta el cuello pasando por debajo del ojo.
A lo largo de las últimas décadas, se ha hecho evidente la disminución en las poblaciones de todas las especies de reptiles.
Lo que antes era frecuente: el encuentro con alguno de estos animales en cualquier paseo por el campo, incluso cerca de las ciudades, se ha ido convirtiendo en algo casi excepcional. En los últimos cinco años no habré visto vivos más de 6 ofidios. Muertos, algunos más. Estos animales que son incapaces de termorregularse y necesitan calor externo para mantenerse activos, con frecuencia buscan lugares despejados como caminos y carreteras para exponerse al sol, donde cada año muchos de ellos mueren atropellados, o a los pies de excursionistas domingueros cuya cobardía es sólo superada por su ignorancia, que los matan por considerarlos peligrosos. Y es que... sigue habiendo mucho zoquete suelto...
Es una de las serpientes más pequeñas de la Península Iberica. Su coloración puede ir del gris al pardo rojizo. Es característica en esta especie la linea oscura que recorre la cabeza desde los orificios nasales hasta el cuello pasando por debajo del ojo.
A lo largo de las últimas décadas, se ha hecho evidente la disminución en las poblaciones de todas las especies de reptiles.
Lo que antes era frecuente: el encuentro con alguno de estos animales en cualquier paseo por el campo, incluso cerca de las ciudades, se ha ido convirtiendo en algo casi excepcional. En los últimos cinco años no habré visto vivos más de 6 ofidios. Muertos, algunos más. Estos animales que son incapaces de termorregularse y necesitan calor externo para mantenerse activos, con frecuencia buscan lugares despejados como caminos y carreteras para exponerse al sol, donde cada año muchos de ellos mueren atropellados, o a los pies de excursionistas domingueros cuya cobardía es sólo superada por su ignorancia, que los matan por considerarlos peligrosos. Y es que... sigue habiendo mucho zoquete suelto...
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| Culebra lisa européa (Coronela austriaca) (F:14,V:1/60,ISO:100) |
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