Muchas de las civilizaciones antiguas, medían en lunas el paso del tiempo. Para ellos ni siquiera un día era una fracción de tiempo relevante, porque todo a su alrededor seguía un ritmo lento y natural: ciclos lunares, estaciones, alineaciones estelares..
Hoy ya nada de aquello tiene sentido, cuando cada minuto parece tener una importancia vital para el simio que cree haber ultimado su dominio del planeta. Tan inteligente él, que incluso se enorgullece de su esclavitud portando amarrados a su cuerpo aparatos que le dictan al segundo, la centésima o la milésima, el ritmo frenético al que debe vivir. Siendo el tamaño de su cronómetro directamente proporcional a su grado de sometimiento a algo en realdad tan relativo como lo es; el tiempo.
En aquella mañana de verano con esa luna ocultándose inmutable tras un bosque de hayas, como casi todos los de esta especie ahora mismo; agonizante. La mejor opción no, la única, fue la contemplación lo más sin mente posible, de aquel instante efímero. (Clik en la imagen para verla más grande)
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Hayedo muriendo y luna (F:7.1, V:1/60s,ISO:100) |
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